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François Boucher
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François Boucher
(París, 1703 - id., 1770) Pintor francés. Salvo una breve estancia en Italia de 1727 a 1731, donde conoció el arte de G. B. Tiepolo, residió y trabajó siempre en París, donde fue una de las grandes figuras del rococó. Su estilo cautivador, brillante y superficial, totalmente desvinculado del natural, constituye un fiel reflejo de la corte francesa de mediados del siglo XVIII. Esta comunión entre sus tendencias estilísticas y los gustos de la época está en la base de la enorme fama de que gozó y de los numerosos cargos y honores que recibió, los más prestigiosos de la época. Madame de Pompadour, la célebre amante de Luis XV, lo consideró su artista preferido. Entre sus obras destacan las de tema alegórico y mitológico, en las que Boucher se recreó en la sensualidad del cuerpo femenino, acentuando sus formas redondeadas. El triunfo de Venus y El baño de Diana se inscriben en esta línea.
[Image: boucher.jpg]
François Boucher
En su libro Painting and Sculpture in France (1700-1789), Michael Levey escribió que los años centrales del siglo XVIII fueron "propiedad de Boucher", frase que plasma el enorme prestigio que alcanzó este pintor entre la aristocracia, pese a que en la última etapa de su vida los intelectuales de la Ilustración, entre ellos Diderot, desacreditaron públicamente a Boucher, al tiempo que defendían la estética neoclásica. Pintor y grabador, gozó de la amistad y protección de Madame de Pompadour y fue uno de los decoradores más famosos de la época.
Tras estudiar con Lemoyne, François Boucher aprendió el oficio de grabador en el taller del maestro Cars, convirtiéndose en el grabador habitual de las obras de Watteau. En 1723 ganó el Premio de Roma de la Academia y más tarde, en 1727, se trasladó a Italia, donde contactó con Giovanni Battista Tiepolo. Tras regresar a Francia en 1731, fue nombrado miembro de la Academia en 1734. La obra presentada para su admisión llevaba por título Rinaldo y Armida, un óleo realizado en 1734 que se conserva en el Museo del Louvre. Años más tarde, en 1765, fue nombrado director de dicha institución. Boucher fue también primer pintor del rey y director de la Manufactura de los Gobelinos.
Artista de gran versatilidad, François Boucher pintó techos y medallones para las mansiones nobles, decoró interiores, ilustró libros (fábulas de La Fontaine y obras de Molière), creó escenografías y telones teatrales, realizó cartones para tapices y adornó abanicos. Además, los modelos de las figuras de porcelana de la famosa fábrica de Sèvres se realizaban a partir de sus dibujos. Demostró también una enorme capacidad para representar una gran variedad de temas: retratos (entre ellos varios de la marquesa de Pompadour), escenas de la historia antigua, imágenes religiosas o paisajes de delicados coloridos.
Las fuentes de inspiración de Boucher eran las típicas del período rococó: escenas amorosas donde intervenían dioses y pastores en un delicioso juego de sensualidad. Sus composiciones, pintadas en tonalidades rosas, azules, verdes y gris perla, están llenas de gracia. Sus numerosas figuras de diosas y ninfas semidesnudas no pretendían evocar rasgos de la solemnidad clásica, sino que aparecían en actitudes graciosas y sensuales entre sugerentes ropajes y con expresiones al tiempo ingenuas y maliciosas. Buena muestra de ello es una de sus principales obras, El triunfo de Venus, en la que un grupo de doncellas desnudas rodeadas por varios cupidos traviesos surge de la espuma. Es éste un cuadro de líneas ondulantes y rítmicas.
[Image: boucher_diana.jpg]
El baño de Diana (1742), de François Boucher
Uno de los temas más representados por Boucher es el desnudo femenino. Después de Antoine Watteau, la pintura del desnudo tiende a una concepción decorativa o erótica. Boucher sitúa estas escenas en un marco mitológico, que poco tiene que ver con las poéticas fiestas de Watteau, mostrando un sentimentalismo algo artificial, casi teatral, plasmado con elegancia preciosista. Entre las obras de Boucher que mejor ejemplariza este género destaca la que lleva por título El baño de Diana (1742, Museo del Louvre, París).
La sensualidad que rezuma esta obra es uno de los elementos más característicos del espíritu rococó. La estética de esta corriente abunda en la representación del desnudo femenino, la relación directa de los personajes con la naturaleza, la presentación de una escena íntima... Todo ello abordado de forma exquisita y lujosa, voluptuosa y delicada. La toilette de la diosa de la caza, asistida por una ninfa, es sólo una excusa para pintar un cuerpo desnudo que no excluye un atavío de joyas (en la cabeza y en la mano, que sujeta un collar), lo que nos recuerda la afición propia de la época por lo bello y ornamentado. Podemos reconocer a Diana por las flechas y la naturaleza muerta que aparecen en los rincones de la escena, además de los perros de caza, otro de sus atributos que recuerdan su pasión cinegética. El hecho de que se trate de una escena cotidiana, que humaniza la divinidad de Diana, es también algo muy propio del gusto rococó.
Otro de los temas preferidos de Boucher es el género pastoril, para la realización del cual utilizó la trama tradicional, pero incorporando un enfoque personal. La temática de este género encontró adeptos entre aquellas personas saciadas del pomposo y complejo ceremonial que impregnaba la vida de la sociedad cortesana. Escritores y poetas exhortaban a la sencillez, a la felicidad aldeana, a los sentimientos auténticos. Este tipo de composición resultaba atrayente para Boucher, que abordó el tema sin restringir en nada su fantasía, teatralizando los paisajes y convirtiendo a los pastores en elegantes damas y caballeros. La libre composición de las escenas pastoriles le permitía además utilizar cualquier formato y tamaño de lienzo, pudiéndose así ceñir a las exigencias de las decoraciones interiores. Por último, debido a que este tipo de escenas carecía de argumento, el pintor se liberaba con ellas del esfuerzo que supone captar la personalidad del rostro representado en un retrato o bien de la elaboración compositiva que requiere un lienzo con un argumento complejo.
Además de sus cuadros de carácter mitológico o pastoril, Boucher pintó, siempre con gran perfección en el dibujo, algunos retratos, paisajes (como El caserío de Isséi) y escenas de interior (como El pintor en su taller). Con el tiempo, sin embargo, el encanto de Boucher se hizo cada vez más estereotipado. Muchos críticos reaccionaron desfavorablemente ante su excesiva preocupación por la belleza sensual de sus modelos; algunos afirmaron que las mujeres de sus cuadros daban la impresión de ahogarse bajo una ola de algodón color rosa. En los últimos años de su vida, la aparición de una nueva corriente estética, el neoclasicismo, hizo caer en el olvido a Boucher, cuyo estilo era en esos años duramente atacado por críticos como Denis Diderot.
De todas formas, el artista conservó siempre un excepcional dominio de la técnica, y todos sus estudios de desnudos son notables en este sentido. Su genio creador y versátil quedó magistralmente representado en infinidad de obras y lienzos. En la actualidad hay obras de Boucher en la mayoría de los museos importantes, como el del Louvre, en París, la National Gallery de Londres o el Ermitage de San Petersburgo; sin embargo, la más completa colección de sus cuadros se encuentra en la Wallace Collection de Londres.
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