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Francisco Álvarez-Cascos
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Francisco Álvarez-Cascos
[Image: alvarez_cascos.jpg]
(Madrid, 1947) Político español. Francisco Álvarez-Cascos nació en Madrid el 1 de octubre de 1947, primogénito de José María Álvarez-Cascos y de Consuelo Fernández, aunque cabe considerarlo asturiano a todos los efectos.
En el principado, recién estrenada la transición, la actividad de la derecha era casi nula. En realidad, Álvarez-Cascos vivió hasta 1976 al margen de las corrientes políticas y sociales del momento: se sacó el título de ingeniero de caminos, canales y puertos por la Escuela Técnica Superior de Madrid, se casó con Elisa Fernández Escandón, se asentó profesionalmente y prefirió el deporte y los toros (firmó crónicas taurinas con el seudónimo de Curro Pelayo) a otras pasiones.
Cuando optó por la política, la mayoría de los jóvenes de su generación llevaban bastante tiempo en ella; él era un debutante, tal como confirmó tiempo después: «En mi época de estudiante era un hombre sin grandes ambiciones y la política no me interesaba». El caso es que en 1976 lo captó Manuel Fraga para Reforma Democrática, embrión de lo que luego sería Alianza Popular (AP). Entre jornada de pesca y jornada de pesca, Chato Salmones, sobrenombre pesquero con el que lo bautizaron algunos de sus rivales, asumió el papel de hombre de Fraga en Asturias.
En 1979, concurrió a las elecciones generales como número dos en la lista al Congreso por Asturias de Coalición Democrática, así como a las elecciones locales del mismo año, resultando elegido concejal del Ayuntamiento de Gijón y, posteriormente, diputado provincial y consejero regional. Frente a la mayoría absoluta de los socialistas, los populares de nuevo cuño pasaron casi desapercibidos, aun quienes por encargo directo de Fraga tenían la misión de reorganizar el partido.
Álvarez-Cascos fue elegido presidente de la Comisión de Turismo y Deportes provincial de Oviedo hasta la extinción de esta institución en 1982. Ocupó simultáneamente, durante un año, la cartera de Comercio, Turismo y Pesca en el Consejo Regional de Asturias. En las elecciones generales celebradas en octubre de 1982 fue elegido senador por Asturias. Candidato a la presidencia del Principado y a la alcaldía de Gijón en las funciones de portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Gijón y en la Junta General del Principado de Asturias, las simultaneó con sus labores en el Senado, donde fue secretario general adjunto del Grupo Parlamentario y miembro de las comisiones de Presupuestos y de Industria y Energía.
Un político tardío
Tenía treinta y siete años y la certeza de que pasaría bastante tiempo antes de que la derecha estuviera en situación de acceder al poder, lo cual le permitió afianzarse en el organigrama del partido y conocer todos sus entresijos de puertas afuera y de puertas adentro. En las elecciones generales de junio de 1986 encabezó la lista al Congreso por Asturias de Coalición Popular. Tras su elección como diputado, renunció a su condición de concejal y diputado regional.
En el IX Congreso Nacional de AP (que más tarde se convertiría en Partido Popular) celebrado en enero de 1989, fue elegido secretario general del partido, cargo que continuaría desempeñando tras ser reelegido en el X Congreso de Sevilla en 1990 y en el XI Congreso, que tuvo lugar en Madrid en 1993. Desde el VI Congreso de AP, celebrado en 1984, forma parte del Comité Ejecutivo Nacional del partido, para el que fue reelegido en lista abierta en el VII Congreso celebrado en 1986 en Madrid. Fue miembro del gabinete de estrategia de AP y, asimismo, desempeñó el cargo de coordinador adjunto de relaciones sectoriales del partido. En el VII Congreso Extraordinario celebrado en febrero de 1987 ocupó el primer lugar entre los vocales en la lista abierta por los compromisarios.
Después del éxito de las elecciones europeas de 1994 y de las municipales de mayo de 1995 era difícil otorgar a Álvarez-Cascos, como seña de identidad principal, su vinculación histórica con Fraga, aunque mantenía una relación de privilegio con el presidente de la Xunta. Es más exacto situarlo en las filas de la derecha sin complicaciones, poco dada al cambio en tres campos: los nacionalismos, la reducción del papel del Estado en la economía y la moral tradicional católica. En cierta forma, los sucesivos escándalos en los que se vieron implicados la administración y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) reforzarían este flanco.
La llegada al poder del PP
La carrera política de Francisco Álvarez-Cascos llegó a su punto álgido en 1996, tras el triunfo del PP en las elecciones generales. Confirmado como secretario general del partido ese mismo año, fue nombrado ministro de la Presidencia y vicepresidente primero del gobierno por el nuevo presidente, José María Aznar. Gran polemista, pero, al mismo tiempo, hábil negociador, Álvarez-Cascos tuvo un papel destacado en los primeros años de gobierno de los populares, quienes se vieron obligados a contar con los votos de los nacionalistas catalanes, vascos y canarios para sacar adelante sus propuestas.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la estrella de Álvarez-Cascos comenzó a decaer. Su estilo bronco sintonizaba mal con la imagen centrista que Aznar quería otorgar al PP, con la intención de atraerse las simpatías de los electores más moderados. Descontento con el funcionamiento del partido, Álvarez-Cascos presentó su dimisión como secretario general del PP, cargo en el que le sucedió Javier Arenas en enero de 1999.
Tras las elecciones generales de 2000, en las que el PP obtuvo la mayoría absoluta, fue nombrado ministro de Fomento por Aznar, quien, sin embargo, ya no le ofreció una vicepresidencia del gobierno. Esto equivalía a quedar descabalgado de la carrera por la sucesión del presidente de gobierno.
Ahora bien, Álvarez-Cascos vivió sus peores momentos en la política tras el hundimiento del petrolero Prestige en noviembre de 2002. La desorganización con la que el gobierno afrontó la catástrofe por el vertido de 50.000 toneladas de fuel procedentes del barco frente a las costas de Galicia provocó una gran pérdida de popularidad al gabinete de Aznar.
Álvarez-Cascos fue uno de los ministros más castigados, pues la opinión pública le recriminó que, pese a ser el ministro responsable del salvamento marítimo, permaneciese de cacería en el Pirineo mientras se producía el vertido del Prestige. Además, la oposición lo acusó de ser la persona que ordenó remolcar el barco hacia alta mar, hecho que, según diversos expertos, provocó que la nave se partiese por la mitad. Por estos motivos, no resultaba extraño que Álvarez-Cascos fuese uno de los políticos peor valorados en las encuestas a fines de año.
La moral tradicional es algo que preocupa y mucho al secretario general del PP, situado en el campo de la ortodoxia católica. Para quien en cierta ocasión declaró que «la decisión de vivir juntos tiene que ser más poderosa que una atracción insuperable», el hecho de separarse de Elisa Fernández Escandón, madre de sus cuatro hijos, le llevó a presentar la dimisión en petit comité, un gesto que naturalmente no consideraron sus contertulios.
Pero al margen de este episodio personal, Álvarez-Cascos suma su parecer al de los más conservadores dentro y fuera del partido en apartados como el aborto y el consumo de drogas. Cabe señalar, sin embargo, que sus convicciones religiosas no le impidieron casarse en segundas nupcias con Gema Ruiz, una mujer 27 años más joven que él. Fue en 1996, el año en que Álvarez-Cascos vivía sus mejores tiempos como político.
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