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Alejandro de Hales
#1
Alejandro de Hales
(Hales, c. 1185 - París, 1245) Filósofo y teólogo inglés. Profesor desde 1221 de la Universidad de París, tuvo a San Buenaventura como discípulo y se hizo franciscano (1236). Comentarista de Pedro Lombardo, fue uno de los primeros en disponer del corpus aristotélico y en asimilar algunas de sus ideas, como el hilemorfismo. De su producción sobresale la Suma de la teología universal, obra clave del pensamiento franciscano.
[Image: alejandro_de_hales.jpg]
Alejandro de Hales
Calificado miembro del clero inglés, Alejandro de Hales vivió casi siempre en París, donde estudió primero en la Facultad de Artes (1210-15) y más tarde en la de Filosofía (1212-17). Graduado de bachiller y luego de maestro de teología (1220-21), durante la crisis universitaria producida en 1229 siguió a los maestros y estudiantes disidentes a Angers. En agosto del año siguiente fue enviado a Roma para negociar con Guillermo d'Auxerre y otros personajes el acuerdo firmado en 1231.
Conquistado por el ideal franciscano, vistió en 1236 el hábito de los Frailes Menores, a la edad de cincuenta años. Su ingreso en esta Orden señaló el comienzo de la gloriosa escuela franciscana de París, ilustrada por una larga serie de maestros famosos, entre los que sobresalen su discípulo Buenaventura de Bagnorea y su compatriota Juan Duns Scoto. En el Concilio de Lyon, convocado en 1245, formó parte de la Comisión encargada de examinar los milagros atribuidos a San Edmundo Rich de Abingdon. A su regreso a París, una epidemia le produjo la muerte.
Además de un número impresionante de Quaestiones disputatae, casi todas inéditas y compuestas durante los largos años de su enseñanza en París, Hales escribió una glosa a las sentencias de Lombardo, que él adoptó al principio como texto de la lectio escolar. Pero la extensa fama de Alejandro de Hales ha quedado vinculada a lo largo de los siglos a la Suma de la teología universal, que refleja el pensamiento filosófico-teológico de la antigua escuela franciscana. Recentísimas investigaciones histórico-críticas nos han dado a conocer con mucha mayor precisión sus auténticos antecedentes literarios y su real contribución al desarrollo de la Escolástica. Alejandro de Hales no es el autor en sentido estricto, sino sólo el inspirador de la Suma, por cuanto ésta fue compuesta en gran parte bajo su dirección y aprovechando el inmenso material especulativo contenido en obras precedentes.
Las doctrinas propuestas en la Suma de la teología universal se inspiran en San Agustín y en San Anselmo y determinarían, en los franciscanos, la tradición agustiniana, en oposición a la aristotélica y después tomista que se había formado entre los dominicos. Alejandro de Hales admite que la existencia de Dios puede demostrarse partiendo de las cosas creadas, pero también, al mismo tiempo, de las ideas eternas; que la Creación debe necesariamente haber ocurrido con un comienzo temporal; que todas las criaturas, incluso los ángeles y las almas humanas, están compuestas de materia y forma para poder tener una naturaleza diversa y distinta de la divina, observando sin embargo que hay dos materias: una espiritual y otra corpórea; que en todo ser viviente están presentes varias formas o determinaciones substanciales; que en el hombre la unión del alma con el cuerpo es substancial pero no formando una unidad; que para el conocimiento de las cosas materiales vale la abstracción aristotélica, mas para el conocimiento de Dios vale la iluminación agustiniana.
El carácter de la Suma de la teología universal es a un tiempo teológico y filosófico, semejante en esto a las demás Sumas contemporáneas, y utiliza en la exposición de la doctrina el orden que había seguido ya Pedro Lombardo en sus Sentencias. El primer libro trata de Dios, de la unidad de la naturaleza y de la trinidad de las personas. Especialmente en la primera parte, el carácter de la exposición es filosófico, porque se detiene a establecer la esencia de la divinidad y su inmutabilidad, simplicidad, inmensidad, eternidad, bondad y omnipotencia; tratando de la sabiduría divina hallamos aquí las cuestiones en torno a la presciencia divina, a la providencia y a la predestinación. Sigue el tratado, de carácter exclusivamente teológico, de la pluralidad de las personas divinas.
El libro segundo trata de las criaturas; se ocupa primero de la propia acción creadora y después de la naturaleza de las criaturas como tales; el tratado referente a los ángeles es corto y también lo es el que trata de las criaturas corpóreas en cuanto tales; más extenso es el que se refiere al hombre, al alma, a las facultades, a la inteligencia y al libre albedrío. A éste sigue el tratado en torno al pecado venial, a los vicios capitales y a todas las diversas especies de pecados contra Dios, contra el prójimo o contra sí mismo. En los demás libros se tratan las cuestiones relativas a la redención del pecado, y por lo tanto en torno al misterio de la Encarnación y a los Sacramentos. La Suma de Alejandro de Hales no fue la primera, pero sirvió de modelo a las muchas que siguieron, y si se puede criticar en ella la prolijidad de las cuestiones y el eclecticismo de las doctrinas, no se puede menos de reconocer la amplia exposición de las investigaciones y el carácter científico del método aplicado a esta obra.
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